La segunda aventura de Alonso Christiano

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Esta segunda aventura, Alonso Christiano y las misteriosas luces de la pampa, es para los amantes de lo desconocido, lo místico y lo que científicamente no tiene explicación. Al igual que su ópera prima, el autor reafirma a su personaje, el aún joven Alonso Christiano, como un verdadero heredero de aventuras arqueológicas con alto contenido histórico. Nieto de uno de los más acertados arqueólogos aficionados de comienzos del siglo XX.



Junto con Alonso y sus amigos aparece como personaje la Doctora María Reiche, “el ángel de la pampa” quien entregó gran parte de su vida buscando respuestas entre las famosas líneas y geoglifos hallados en el desierto nasqueño. ¿Qué quisieron transmitir los antiguos nascas?, eso es lo que vino a develar la señorita Reiche desde su ciudad natal Dresden, en Alemania, y se quedó entre nosotros por más de 65 años hasta su muerte en 1998.



En esta segunda entrega, el autor expone las dos principales teorías que tratan de explicar el porqué de las gigantescas líneas y geoglifos que dibujaron los habitantes de esta importante cultura pre-colombina. Dueños de uno de los enigmas más sorprendentes de la humanidad los nascas hasta el día de hoy siguen asombrando al mundo.

Francisco Negro



DE LA OBRA
Han transcurrido tres años desde los eventos ocurridos en el valle de Lurín. Alonso y sus amigos, ahora de diecisiete años, tienen otro tipo de preocupaciones: la fiesta del año, los exámenes de fin de año y especialmente la llegada de la prima de Ariana, Cassandra, quien hace su irrupción en la vida del grupo, tocando especialmente el corazón de Marco…



Sin embargo, pronto sus preocupaciones adolescentes serán reemplazadas por otras mucho menos cotidianas: un muchacho nasqueño al que se había dado por muerto reaparece cuarenta y cinco años después, sin haber cambiado de aspecto en lo absoluto; y se dirige a Lima, directamente hacia la casa de Alonso…



¿Qué conexión tiene ese muchacho con la familia Christiano? ¿A qué se deben los extraños hechos que asolan la pampa de Nasca desde su aparición? Y sobre todo, ¿es posible que el origen de todos estos hechos no pertenezca a este mundo?



Cautivadoramente emocionante, esta segunda entrega de Alonso Christiano no hace sino confirmar el gran talento narrativo de su autor. Un talento que nos sumerge a un mundo fantástico, donde la amistad y el valor se vuelven piezas clave para comprender el verdadero alcance del ser humano.
DEL AUTOR
Miguel Salomón Torres nació en Lima en 1961. Desde muy pequeño le gustó crear historias y personajes. Estudió en Lima en un colegio católico dirigido por jesuitas. Obtuvo el grado de bachiller en Ciencias de la Comunicación y se especializó en publicidad. Hoy es Licenciado en Comunicaciones y en estos momentos se encuentra escribiendo el tercer libro de la saga: Alonso Christiano y la Ciudad de los Dioses.
DEL LIBRO
Título: ALONSO CHRISTIANO Y LAS MISTERIOSAS LUCES DE LA PAMPA
Género: Novela
Autor: Miguel Salomón
Año de publicación: 2009
Páginas: 334
ISBN: 978-612-45233-5-9
Precio: 39 nuevos soles
Editorial: Arkabas www.editorialarkabas.com

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Alonso y Ariana III

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Las primeras palabras

Nunca antes en su vida Alonso se había sentido de esa manera; manos sudorosas, extremidades inferiores trémulas, mareos, amnesia, hormigueo gástrico, diarrea, angustia, estrujamiento torácico, parálisis mental. Sus amigos aún no lo entendían completamente, ¿cómo podía ser que algo tan complicado, lo que los mayores llaman “amor”, pueda provocar esa conducta extraña en una persona? Alfredo decía que eran tonterías y que a su edad no deberían de estar jugando a cosas de gente adulta. Sin embargo, Sancho pensaba todo lo contrario, que al llegar a los doce años, por naturaleza humana, era normal que se experimenten esas reacciones y que Alonso estaba totalmente enamorado. Marco se reía viendo como sus amigos debatían en algo que, para él, ya cumplidos los trece años, le parecía totalmente normal y que aún así lo de su compañero podría ser solo un capricho.

_ ¿Capricho? –tronó Alonso– ¡ni cagando! Se me revuelven las entrañas cuando pienso en ella y cuando recuerdo su figura las pocas veces que la vi.
_ Yo creo que estás hasta las huevas de templado y como te lo prometimos, te vamos a ayudar –intervino Sancho, luego les dijo a sus compañeros– ustedes ya se comprometieron.
Marco y Alfredo asintieron.
_ Totalmente de acuerdo -dijo Marco- sigamos con esto y así saldremos de dudas.
_ ¡Las dudas son tuyas! –se apuró en responder Alonso con cierta agresividad- yo sé lo que siento.
_ Tranquilo Alonso –dijo Alfredo sujetando a su amigo del brazo por si se le ocurría acercarse peligrosamente a Marco– solo es la opinión de Marco, tienes que aceptarla. Recuerda que es tu amigo y que si no le importaras simplemente no estaría aquí.
Alonso escuchó a su compañero y relajó sus músculos, lo mismo sucedió con Marco.
_ Sin embargo –continuó Alfredo- para poder llegar a esa chica pienso que debemos tener una estrategia.
_ Tienes razón –dijo Sancho– con un buen plan nos aseguramos que Alonso tenga éxito cuando se le acerque.
_ ¿Qué tenemos hasta el momento? –preguntó Marco-.
_ Sabemos dónde vive –dijo Sancho- también conocemos a su Mamá.
_ ¿Conoces a la señora? –preguntó Alfredo con sorpresa-.
_ Me refiero a su aspecto físico, ¡idiota! –contestó Sancho agresivamente- eso nos ayuda a identificarla si la vemos en la calle.
_ Ah, entiendo -murmuró Alfredo encogiendo los hombros-.
_ También tenemos una idea de las horas en que sale de su casa –intervino Alonso-.


Los amigos seguían trabajando para idear un plan que acerque a su mejor amigo a la chica de sus sueños. Tenía que conocerla a cualquier precio, sin embargo le aterraba el momento en que eso ocurriera porque sabía que quedaría paralizado en ese mismo instante, sabía que no se le ocurriría nada. Pasaban los días y los chicos seguían sin tener un plan. Es cierto, conocía su casa, pero no podía presentarse sin más ni más, lo tildarían de loco.

Vigilaban la casa día y noche, se organizaban por turnos, pero no había señales de ella. Un día salió a media mañana con su madre, y caminaron unas cuantas cuadras hasta que se subieron a un taxi que rodó por la avenida Primavera hacia Miraflores. Imposible seguirlas, solo les alcanzaba la plata para el micro.

Un día se les presentó una emergencia; le tocaba el turno a Sancho. Alonso y Alfredo lo acompañaban, estaban caminando hacia la casa de la chica para hacer la guardia respectiva cuando Sancho de pronto se detuvo, metió las manos a sus bolsillos del amplio mameluco que le cubría su redondo cuerpo y dio una exclamación de sorpresa. Continuó parado sobre el sitio y miró al cielo.
_ ¿Qué te pasa? –preguntó Alonso-.
_ Espera –respondió Sancho- estoy haciendo mis cálculos.
_ ¿Qué cálculos? -intervino Alfredo-.
Sancho no contestó, continuó mirando al cielo, en realidad solo tenía la cabeza levantada porque sus párpados estaban cerrados. Ni cagando, no me alcanza –exclamó-.
_ ¿Qué no te alcanza? –insistió Alfredo-.
_ No tengo suficientes provisiones para hacer mi guardia.
_ ¿De qué estás hablando? –preguntó Alonso confundido-.
Sancho sacó las manos de los bolsillos del mameluco y abrió las palmas, en una tenía dos caramelos “monterrico” y en la otra una barra de chocolate “golazo” de maní.
_ Esto no me alcanza para cubrir mi guardia.

Sus amigos le dijeron que no moleste, que se abstenga unas horas de comer golosinas, pero Sancho insistió porque argumentaba que moriría de hambre e hizo tal berrinche que no les quedó más remedio que aceptar comprarle los dulces para que cumpla con su guardia.

Alonso tuvo que desviarse a la bodega de la china Elsa. Cuando termino de entregarle el pedido, Elsa le dio el monto de la cuenta. Alonso metió las manos a sus bolsillos para sacar la plata, reunió las monedas que tenía y comenzó a contar. Le faltaban ochenta centavos. Buscó en su otros bolsillos y no encontraba más monedas. La china Elsa esperaba al otro lado del mostrador y tras él las personas comenzaron a aglomerarse para ser atendidas, Alonso giraba su cabeza moviendo sus rulos de un lado a otro buscando monedas en los bolsillos, pero no hallaba ningún centavo más. Su cara se enrojeció del bochorno y comenzó a temblar, era inútil, no tenía una sola moneda más, no podía completar la cuenta. Tenía que devolver algunas golosinas, sin embargo eso lo atormentaba.
_ ¡Qué roche! –pensó Alonso-.
_ No te preocupes –escuchó una voz femenina tras él- ¿yo puedo completar lo que te falta?

Alonso se sentía humillado pero no tenía otra salida, era la voz más suave, dulce y melodiosa que jamás había escuchado. Volteó para agradecer el gesto de aquella persona. Cuando vio la espigada figura de donde había salido esa maravillosa voz, debió haberlo imaginado, ¡era ella!, la chica que lo había tenido cojudo los últimos meses de su vida. Quiso hablar y se atragantó con su saliva. Las cosas empeoraron para Alonso; no podía completar la cuenta, estaba rojo como un tomate, sudoroso y encima atorado, tosiendo cual tuberculoso y para colmo se le cayeron las monedas que rodaron por todo el piso, desparramando por toda la estancia la vergüenza del muchacho. Alonso había llamado la atención de toda la bodega.

Lo sentaron en una pila de sacos de azúcar de cincuenta kilos, a un lado del mostrador de la tienda y Elsa hizo que su ayudante le sacara un vaso con agua. A los pocos minutos Alonso había dejado de toser, había regresado su color a la cara y podía respirar de nuevo. La hermosa chica de largos cabellos castaños se le acercó y le dio su bolsa de golosinas.
_ Ya está pagado.
Alonso estiró la mano y le agradeció. Se levantó y comenzó a salir de la bodega junto a ella.
_ Las monedas, -dijo- las monedas rodaron por todo el piso.
_ No te preocupes ya las recogieron –contestó ella- ya entiendo porqué tienes esa tos -dijo, mirando su bolsa de golosinas-.
_ No, no son mías, son para un amigo, yo no como tanto, vine a comprarlas para él.
_ Que amable eres, haciéndole ese favor a tu amigo.
_ Sí, es un gran amigo –contestó Alonso- ¿y tu Mamá?, dijo mirando a todos lados buscándola.
_ ¿Mi Mamá? –repitió ella con sorpresa-.
Alonso se dio cuenta que había metido la pata.
_ ¿Conoces a mi Mamá?
_ ¡No!, -respondió Alonso casi gritando e improvisó- solo me preguntaba que una chica como tú no podía estar sola en la calle.
_ Ya tengo doce años, puedo caminar sola ¿no te parece?
_ Sí, sí, -se apuró en responder Alonso para evitar cualquier tipo de conflicto- ¿A dónde vas?
_ A mi casa.
_ ¿Te puedo acompañar?
_ Si quieres.
_ Oye, gracias, te debo una –dijo Alonso levantándole la bolsa de dulces-.
_ No te preocupes. Tuviste suerte de que me sobraran algunas monedas.
Los chicos comenzaron a caminar juntos, eso era algo que Alonso se había imaginado muchas veces pero que en ese momento no lo podía creer.
_ ¿Cómo te llamas? –preguntó ella-.
_ Alonso… ¿y tú?
_ Ariana.

Alonso estaba con las manos sudorosas, las extremidades inferiores trémulas, tenía mareos, sufría de amnesia, el estómago le hormigueaba, sentía que le venía una diarrea, estaba angustiado, tenía el pecho oprimido, y sospechaba de una parálisis mental, pero eso no le importaba, había tenido su primer encuentro con Ariana; la más hermosa y sublime de las chicas, de voz suave y melodiosa.

Luego pensó que cuando las cosas van a suceder, no hay estrategias que valgan, de todas maneras ocurrirán, es el destino, es el futuro que ya está marcado. Ahora estaba agradecido de las circunstancias que lo llevaron a tan maravilloso momento, después de eso, no le importaba nada, ni siquiera que sus amigos continuaban vigilando su casa… de todas formas eso ya no era necesario.


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Alonso y Ariana II

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La primera mirada

Las siguientes noches al encuentro con la hermosa y espigada niña de largos cabellos castaños, el sueño de Alonso fue muy pesado y de difícil conciliación. Estaba confundido, distraído, las cosas le salían al revés y no podía concentrarse en clase. A Norka, su madre, todos los días la atormentaba preguntándole si no quería nada de la tienda para ir a comprar, habría muchas posibilidades de volver a encontrarla y seguirla para saber donde vivía.

Otros días salía de casa sin dirección aparente solo para merodear por el barrio y tratar de encontrarla, sin resultados. Varias semanas después, una fresca tarde de otoño, los chicos estaban en pleno partido de fulbito, era un juego muy importante contra los de Chacarilla quienes les habían ganado la última vez como locales, ahora ellos estaban jugando en su propia cancha (en realidad era uno de los parques del barrio que servía de campo de futbol). El marcador iba nueve a nueve y ya obscurecía, en cualquier momento se terminaba el match.

En una de las últimas jugadas, Alonso recibió de Marco un largo pase de bolea que le llegó exacto a su pie, la pelota fue puesta como con la mano, estaba cerca al arco (los palos eran dos arbustos del parque y no había travesaño), le vino un defensa a marcarlo y con mucha habilidad Alonso hizo un quiebre que lo dejó fuera de posición y se vio solo frente al arquero quien le salió al achique. En una fracción de segundos y por el rabillo del ojo Alonso sintió que lo observaban, estaba a tiro de arco, debía apurarse porque el arquero le estaba cerrando los espacios, la sombra que se le apareció lo perturbaba y giró ligeramente la cabeza para ver de quién se trataba, se había dado cuenta de que alguien estaba en la ventana de una casa cercana a la cancha. Alonso logró hacer un amague pero fue muy tarde, el arquero atrapó la pelota arrancándola de sus pies. Había perdido la gran oportunidad de hacer el gol y ganar el partido.

Sus amigos querían matarlo, los de chacarilla se habían quedado estáticos y tragaron saliva, sabían que Alonso jamás iba a perder ese gol, pero les volvió el oxigeno a los pulmones. Aún así no se explicaron lo que estaba ocurriendo.

Alonso ya sin la pelota en los pies no dejaba de mirar a la ventana, la hermosa silueta de la niña de lacios cabellos castaños estaba allí mirándolo, él comenzó a caminar en esa dirección para cerciorarse de que se trataba de ella. No dejaba de mirar a la ventana, no se daba cuenta por donde pisaba y destruía geranios, plantas y flores, cuando llegó a la acequia la cruzó sin evitarla y mojó sus zapatillas con agua, pero él siguió caminando, cada paso que daba producía un ruido gracioso pues sus medias y pies estaban empapados de agua. De pronto la figura desapareció, Alonso se detuvo y memorizó la casa a la que pertenecía esa ventana.

El partido se terminó, los rivales se retiraron satisfechos por haber conseguido un empate de visita. Las quejas de sus amigos saltaron inmediatamente. Jamás iban a perdonarle lo que había hecho Alonso.

_ ¿Qué te sucedió? – preguntó Sancho apretando los dientes de rabia – ¡Ese pase magistral de Marco jamás lo volverías a tener ni en mil años! Marco miró a Sancho con cara de que no subestime su habilidad con la pelota y Sancho le devolvió la mirada con cara de que lo decía solo para avergonzar a Alonso.

El muchacho no se preocupó en contestarle a su amigo y los tomaba de los hombros con desesperación, primero a Marco, luego a Sancho y por último a Alfredo a quien le hizo saltar sus anteojos - ¡La vieron!, ¡era ella!, ¡díganme que ustedes también la vieron!, ¡por favor!
_ ¡Claro que la vimos! – respondió Alfredo acomodándose nuevamente sus gafas – ¡hasta yo la vi que soy corto de vista!

_ ¡No es hermosa!, ¡díganme si no es una muñeca! – continuó Alonso exclamando con los ojos desorbitados. Los amigos se miraron entre ellos, estaban confundidos. ¡Tranquilízate Alonso!, por favor, - exclamó Sancho – ¡hace meses que nos tienes cojudos con esa hembrita! – los muchachos comenzaron a exasperarse.

_ ¡Seguro que estás encaprichado! – afirmó Marco -. ¡No, realmente estoy enamorado! Las palabras de Alonso calaron en lo más profundo de sus amigos quienes volvieron a mirarse y bajaron la guardia. - Vamos a tranquilizarnos – sugirió Marco – vengan, sentémonos aquí y discutamos este asunto de una vez por todas.


Luego de varios minutos de cambios de opinión y de que Alonso revelara insondables sentimientos de amor junto al más frondoso árbol de aquel parque; Marco, Sancho y Alfredo comprendieron los profundos y verdaderos sentimientos de amor de su mejor amigo y desde ese momento decidieron ayudarlo a averiguar de quien se trataba la hermosa niña que tenía bruto a su compañero.

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Kilcha y los sacrificios humanos

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El historiador Cieza de León escribió: “El Inca oró y le preguntó al dios Pachacamac: Señor, ¿de qué manera podría servirte mejor? El dios le respondió “la mejor forma de servirle a tu dios es enviándole gran cantidad de sangre humana y de llamas”.

Aun no se sabe en qué templo o recinto sagrado se hacían estas ofrendas pero está comprobado que en Pachacamac, durante el período inca y mucho antes, se han hecho gran cantidad de sacrificios de hombres, mujeres y niños. Estos ritos de adoración hacia su dios, tanto el Inca como los habitantes comunes, eran solicitados a través de los sacerdotes del santuario.

Las modalidades de sacrificio fueron varias: Por estrangulamiento, cremación, extirpación del corazón, enterrados vivos. Los inmolados son hallados por los arqueólogos rodeados de esqueletos de perros Inca, telares, vasijas, cerámica, mazorcas de maíz, frijol, yuca, papa, pues todos estos accesorios los iban a necesitar en su nueva vida.

Aunque no todos los sacerdotes del santuario practicaban sus vaticinios de la misma manera, había diferencias, y muchas, por ejemplo: Estaban los que se distinguían por su linaje o procedencia como los p'unchao willka, que formaban la clase más noble. Ellos vaticinaban hablando con el mismo dios Sol según los solsticios y equinoccios.

En la siguiente escala de importancia se encontraban los Hanpikuc quienes leían en las vísceras de los animales. Los más conocidos eran los kuyrikuc, que veían el porvenir en las entrañas del cuy, abriéndoles el vientre con sus largas uñas y realizando sus pronósticos según de qué parte brotaba la sangre o cómo se movían sus órganos internos.

El mallkiwillac era una suerte de espiritista, se comunicaba con las almas de los antepasados del solicitante. Otro sacerdote era el ripiac, quien absolvía consultas con los movimientos de los músculos de los brazos. Si al hacer fuerza saltaban los del lado derecho, decía que todo le iría bien al que hacía la consulta. Si saltaban los músculos del lado izquierdo, le iría mal.

El pacharikuc hacía sus adivinaciones con tarántulas, las cuales eran puestas sobre una manta y luego hostigadas con un palo. La adivinación estaba en función a la cantidad y posición de las patas que habrían perdido.

La gente iba también a hacerse leer sus sueños. El mosqoc soñaba para ellos, apoyando la cabeza en una prenda de la persona como una honda, si era varón; y una manta o faja, si era mujer. En caso de amores debía llevarse los cabellos o la ropa del ser amado.

Los sunquyoc eran “los que miran en el interior del corazón de los hombres", eran grandes sicólogos y hacían sus profecías examinando los rostros de las personas que acudían en su busca. Ellos no se mostraban y veían a sus pacientes a través de un agujero en la pared del templo detrás de la cual se ocultaban.

Aislados, silenciosos y concentrados en sus pensamientos, los wamac, eran una especie de ermitaños o santones, que vivían en soledad y abstinencia. Por último, existía una extraña clase de sacerdotes: Los Runamikhuc, practicantes de ritos oscuros y antropófagos. Se ocultaban en la oscuridad de los subterráneos y comían los restos de los sacrificios humanos o animales.

Sin embargo, de lo que no es seguro es que el mismo Pachacamac haya pedido el sacrificio humano. Algunos dicen que en la oración del inca solo se hablaba de sangre de llamas y Cieza agregó “humanos” para etiquetar la naturaleza salvaje de la religión indígena y justificar su abolición y consecuente exterminio de sus sacerdotes.

Entre los más reconocidos de esta ilustre casta sacerdotal, la de los p'unchao willka, estaba el gran Kilcha, preferido por el Inca Pachacutec quien solicitaba su presencia en el Cusco cuando necesitaba del oráculo. Con el tiempo el noble Kilcha logró ganarse la confianza y el respeto del Inca cultivando una gran amistad que le permitía pasar largas temporadas en la gran capital del imperio.

Kilcha no estaba de acuerdo en hacer sacrificios humanos como ofrendas al dios Pachacamac. Argumentaba que era como imitar el poder del mismo dios, y eso no le hacía ninguna gracia. Tratar de imitar el poder de Pachacamac, el dios de los temblores, el creador del universo, no es oficio de los mortales.

"La vida es un regalo del dios, solo él puede dar y quitar vida, el hombre no lo puede hacer", sostenía Kilcha e influyó tanto en el Inca que se dice que, por medio de una ley, Pachacutec llegó a abolir el sacrificio humano en cualquier población y este rito sería exclusivamente privilegio del mismo Inca. Sus discrepancias provocaron conflictos con otros sacerdotes del santuario, sobre todo con los que sí estaban de acuerdo con este tipo de sacrificios. Algunos de ellos llegaron a conspirar un asesinato en contra de Kilcha. Pero eso… eso lo veremos más adelante.

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Alonso y Ariana I

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El primer encuentro

¿Qué sucede si te encuentras ensimismado con tus amigos del alma en los tramos finales de una carrera de barcos a muerte en la acequia más caudalosa del barrio y de pronto alguien, que pasó por ahí, hace que gires la cabeza y pierdas toda la concentración?

Veamos; Hasta ese momento lo único que podía interesarle a Alonso era caminar cuadras de cuadras por la vereda siguiendo la regata y procurando que su barco - una pequeña rama alargada de la higuera que se robó de su jardín - navegue firmemente sorteando los peligrosos rápidos de las aguas bravas del canal, tratando de alcanzar a la Torpedera que capitaneaba Marco – otra rama de eucalipto que éste arrancó furtivamente del árbol de su mamá - y que ha sacado algunos centímetros de distancia.

Milagrosamente para Alonso, una flor de geranio sobre las aguas atraca la Torpedera de Marco haciéndole perder segundos vitales para llegar a su destino, segundos que son aprovechados por el Destructor de Alonso que logra sobrepasarlo limpiamente sobre aguas cristalinas y libres de escollos.

Ahora no hay nada entre su barco y la meta. Una vez más Alonso y su increíble Destructor volverían a ganar la carrera. Una vez más probaría que él y su barco no tenían competencia, eran los mejores. Sin embargo, en ese preciso momento una hermosa niña que camina por la vereda en sentido contrario provoca la desconcentración de Alonso, que al quedarse pasmado mirándola no se dio cuenta que el Destructor colisionó en un casi imperceptible banco de barro y encalló muy cerca de la costa.

La Torpedera de Marco, ahora libre de la rama que lo retrasó, aprovecha aquel aciago descuido de Alonso y sobrepasa al Destructor llegando a puerto primero que todos. Pero Alonso, lejos de advertir la realidad, siguió con la mirada y la cara de bobo a la niña que caminaba de la mano de, al parecer, su madre.

En cuestión de segundos las Misileras de Sancho y Alfredo – estas eran ramas del níspero que se robaron del jardín del vecino de Alfredo - que muy cerca venían raudas tras ellos, también completaron su periplo y llegaron a buen puerto. Al final el Destructor de Alonso ni siquiera llegó a su destino. Pero por primera vez en su vida, por primera vez en sus largos y experimentados tres años en la navegación fluvial, unos lacios y hermosos cabellos castaños que bailaban con la pequeña brisa de abril provocaron tamaño desastre de navegación.

Entonces, ¿qué sucede si te ocurre todo eso? Pues eso: ¡Un gran desastre de navegación! Pero, mientras Marco saltaba de alegría con su Torpedera en la mano celebrando haber llegado primero aquel tramo de la competencia, Alonso, sin inmutarse, no dejaba de mirar absorto los pasos de la hermosa chica que se alejaba caminando graciosamente calle abajo del brazo de su madre. ¡Se había quedado pasmado con su delgada figura!

Luego se desató la bronca. Marco, Sancho y Alfredo se pusieron en contra de su amigo del alma reclamándole más atención.

_ ¡Porqué se distrajo de esa manera! – exclamó Alfredo.

_ Ya se malogró la competencia – se quejó Sancho - el juego perdió todo su interés.

_ Es una situación típica del fin de la niñez y el comienzo de la adolescencia - argumentó Marco, el mayor de los amigos – al rayar esta siguiente etapa de la vida comienzas a darle preferencia a otros intereses que regirán tu vida en el futuro.

¿Esta nueva situación experimentada por Alonso será el inicio del cisma entre los inseparables amigos? Por el momento la causa del problema fue la aparición de esa hermosa niña que ha comenzado a frecuentar las calles de Monterrico despertando una extraña sensación nunca antes percibida por Alonso. Más adelante ¿qué vendrá?

Por el momento, de algo estaban seguros los amigos; ya no eran unos niños… No, definitivamente ya no son unos niños.

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El Terremoto del 74

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Lima, jueves 3 de octubre de 1974.
9:21 am.


En casa de la familia Christiano en el aún poco urbanizado Centro Comercial Monterrico, Vicente, de 52 años, se disponía a entrar al baño cuando una leve sacudida del piso lo hizo detenerse, el siguiente paso lo dio con dificultad; un fuerte sacudón casi le hace perder el equilibrio, el espejo se agitó sobre la pared y algunas botellas de champú cayeron al piso. Tuvo que regresar sobre sus pasos tambaleantes mientras parpadeaba la luz de su dormitorio.

En su habitación del segundo piso, la pequeña Isabel de 8 años escuchó un extraño ruido, un par de segundos más tarde sus juguetes comenzaron a moverse y la lámpara del techo empezó a oscilar. La niña no entendía qué es lo que estaba sucediendo, de la repisa de su closet cayeron al piso algunas muñecas, quiso salir de la cama pero el susto que la invadió le quitó la movilidad. Solo atinó a taparse la cara con su frazada.

En el primer piso de la casa, Norka, la esposa de Vicente, terminaba con la limpieza de la cocina después del desayuno, cuando el ruido del choque continuo de las botellas de especia en los anaqueles le quitó la concentración, se detuvo en su quehacer y repasó con la mirada su entorno en busca de más pruebas que confirmen sus sospechas, no esperó mucho, en un instante el sonido característico y el fuerte sacudón que sintió bajo los pies la sacó de la cocina mientras que el reloj de pared se sacudía sin cesar.

¡Temblor! Gritó Marga, la hija mayor de los Christiano, de 19 años, mientras bajaba rauda las escaleras en bata, con una toalla amarrada en la cabeza y en medio de la oscilación de los cuadros colgados en las paredes. Tras ella bajaba Vicente quien ya había recogido a la pequeña Isabel y la sostenía entre sus brazos. (Esa era la consigna familiar en caso de temblores)

Tras el movimiento inicial un fuerte sacudón incrementó la oscilación de las estructuras de la casa y los objetos comenzaron a caer uno tras otro. ¡Terremoto! - gritó Vicente - ¡rápido, todos al jardín!

Desesperada y con expresión de pánico en su rostro, Gertrudis, la empleada de la familia desde hacía varios años, no terminaba de bajar la extensa escalera de caracol que conectaba su habitación, en la azotea, con el resto de la casa y que en esos tensos momentos se volvió eterna, el ruido y movimiento del terremoto se iba intensificando a medida que avanzaban los segundos. Decidió saltar los últimos escalones para alcanzar rápidamente el primer piso y reunirse en el jardín con sus patrones.

¡Santo Dios! !Esto no tiene cuando acabar - gritó Norka desesperada en medio del extenso jardín de la casa - ¡Alonso!, ¡dónde está Alonso! - sus gritos añadieron mayor tensión a la familia - Vicente inmediatamente se acordó que Alonso había salido temprano para cumplir con una promesa de amor.

A pocas cuadras de distancia, en casa de los Wilson, Alonso Christiano, de 14 años, se disponía a entregarle a su enamorada, Ariana Wilson, la joya más hermosa jamás vista como prueba que confirmaba el inconmensurable amor que le tenía; El collar ceremonial del Imperio Incaico, una reliquia de incalculable valor con la que el Príncipe Guerrero Túpac Yupanqui, hijo del gran Inca Pachacutec, enterró a una de sus esposas más preciadas, la princesa Arpa Kusuwi.

En el preciso momento en que la joya era tocada por las manos de la bella Ariana, el movimiento vertical de los cimientos de la casa los desestabilizó. El instante siguiente les era difícil mantenerse en pié dentro de la pequeña salita donde se encontraban y los libros y revistas ordenados sobre los estantes de la biblioteca comenzaron a caer. Las lámparas de mesa que flanqueaban el enorme sillón de cuero tambaleaban sobre su base, ¡era momento de salir!

Luego de dos minutos y quince segundos de liberar energía equivalente a un millón de toneladas de TNT, la tierra se detuvo, Lima había sido sacudida por un terremoto de 6.6 grados, con epicentro a 90 km al sur oeste. Aproximadamente un 20% de las edificaciones de la ciudad quedaron seriamente afectadas. Dejó 78 muertos y 22 mil damnificados, además causó daños en varios templos, monumentos históricos y valiosos legados artísticos se perdieron. Muchos de los cercos exteriores de ladrillos colapsaron, las casas quedaron con lunas rotas, puertas y ventanas deformadas, paredes rajadas, columnas y vigas malogradas y pórticos con preocupantes rajaduras.

¿Sería casualidad que justo en el momento que Christiano entrega el valioso objeto comience el terremoto?, hay personas que piensan que no ha sido una coincidencia, y lo atribuyen al enojo del dios Pachacamac. Ellos basan su teoría en que la joya más hermosa jamás vista que profanó Alonso y sus amigos para cumplir con la prueba de amor que le pidió Ariana, procede de las entrañas de uno de los templos del santuario de Pachacamac, en el valle de Lurín, y como todos sabemos, Pachacamac es el dios de los Temblores, el Hacedor del Mundo, él mora en las tinieblas, domina el universo, mientras mayor sea su enojo un simple temblor puede convertirse en el más destructor de los terremotos.

Hay muchos antecedentes que confirman dichas sospechas, la más comentada es la de 1533, cuando la comitiva española que se trasladaba al Santuario de Pachacamac para saquear parte de los tesoros exigidos a Atahualpa para liberarlo, dos fuertes temblores se sintieron en las costas limeñas, haciendo que todos los indígenas que acompañaban a los españoles huyeran despavoridos aduciendo la furia de Pachacamac.

El mes de octubre es célebre en Lima por los festejos al Señor de los Milagros, pero también se recuerda por la cantidad de terremotos que ocurrieron en ese sagrado mes: 1606, 1609, 1625, 1687, 1746, 1761, 1966, 1974 ¿Pachacamac se mueve bajo la tierra porque se le venera a un dios que no lleva su nombre?

Una irrefutable razón para sospechar de los poderes del dios Pachacamac. Entonces, ¿Qué cree usted que hizo Alonso Christiano para revertir la adversa situación y aplacar el enojo del más influyente oráculo del Tahuantinsuyo?


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La Moto de Vicente Christiano

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Era una espectacular moto Ducati de 450 cc. modelo Scrambler, podía ser usada tanto en pista como en tierra. Pesaba como los demonios, aún así, Vicente la manejaba con mucha destreza. Años después Alonso la heredó, pero él no es muy aficionado a las motos. Un día uno de sus compañeros de la universidad, un tipo medio raro por lo que me comentaron, se la pidió prestada. Le dijo que era para participar en una muy arriesgada competencia que cruzaba la selva amazónica.

El amigo de Alonso preparó la moto y se fue a competir. Nunca terminó la carrera, tampoco regresó. Lo buscaron por varios días pero no los encontraron, ni a él ni a la moto. Dicen que la última vez que lo vieron fueron unos lugareños cerca a la frontera con Brasil, cargando provisiones, aseguraban que se dirigía en busca de la ciudad perdida de Akakor.


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Atahualpa y los tesoros de Pachacamac II

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Continuación de Atahualpa y los tesoros de Pachacamac I
(parte final)

…Pero aquí hay un detalle. El sacerdote principal del templo de Pachacamac, que en esos momentos se encontraba en Cajamarca, al ver en peligro los tesoros de la ciudadela costeña, envió secretamente a un emisario al santuario que llegó antes que la comitiva que había enviado Atahualpa para recoger el valioso rescate, y alertó a los principales señores y a los sumo sacerdotes quienes rápidamente pusieron a buen recaudo todo el oro y la plata.

Entonces cuando dicha comitiva llegó a fines de enero de 1533 a la ciudadela de Pachacamac, los sumos sacerdotes y los principales señores, sabedores de las intenciones de los intrusos, ya habían escondido todos los tesoros en algún lugar del santuario.

Los facinerosos europeos permanecieron casi dos meses con la consigna de juntar toda la cantidad de oro y plata que pudiesen de cualquier manera que fuese; joyas de sus mujeres y todo el servicio que tuviesen. Sin importar que para cumplir con ese bajo objetivo destruyan y profanen los templos sagrados de los lugareños blasfemando a su religión y obligando a la población a convertirse al cristianismo, menospreciando al indígena y arrebatándole la vida utilizando todo tipo de artilugio de muerte.

Sin embargo, solamente pudieron tomar los tesoros que los sacerdotes no habían podido esconder, o la cantidad que habían considerado podría dejar satisfechos a los invasores. A pesar de ello algunos testigos dicen que los tesoros que sacaron de los templos, de los tumbas y de los grandes depósitos de ofrendas, fue tan cuantioso que sumados todos se necesitaron más de diez mil cargueros para llevarlos al tambo de Cajamarca. No obstante, para otros estos tesoros fueron obtenidos por ofrendas realizadas por los curacas de Lunahuaná, Mala y Chincha para evitar más daños y como señal de amistad.

Si bien no se sabe en qué momento la comitiva regresó a Cajamarca, algunos testigos afirman que debió haber sido antes de la segunda quincena del mes de junio, pues dicen que vieron “henchidos los tres cuartos” que Atahualpa había prometido por pago de su rescate y que toda esa cantidad la habían estimado en seis millones de pesos y añaden, que a pesar de ello, los hermanos Pizarro después de haberlo recibido, faltando a su palabra no pusieron en libertad a su imperial cautivo.

Finalmente, dicen algunos testigos que vieron cómo Atahualpa, después de haberse dado cuenta del engaño que le hicieron, gestionó con sus capitanes que lo exiliaran a España prometiendo dar para el rey otros seis millones de pesos. A pesar de ello los hermanos Pizarro no quisieron y más bien alegando que Atahualpa quería alzarse y conspirar contra ellos, lo condenaron a ser quemado vivo o agarrotado si se convertía al cristianismo.

Hay varios testimonios que indican que los tesoros de Pachacamac siguen enterrados en algún lugar en los subterráneos de los templos del Santuario. Nadie sabe exactamente dónde, porque los que lo enterraron, desaparecieron con la barbarie que ocasionó la codicia de los conquistadores. Durante los posteriores 450 años el sagrado santuario de Pachacamac fue saqueado y destruido por los buscadores de tesoros.


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La Leyenda de Arpa Kusuwi II

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(Parte final)

Días después de la ejecución del sacerdote, Arpa Kusuwi, sumamente deprimida por la muerte de su amor, se quitó la vida. Túpac Yupanqui, lamentándose de la muerte de su esposa y convencido que fue por causa de la maldición proferida por el sacerdote, la sepultó en los subterráneos del Templo del Sol para que el dios Sol la proteja, porque no quería que la maldición del sacerdote, así como se llevó su cuerpo, se llevara su alma.

Nunca el Santuario de Pachacamac tuvo una ceremonia tan fastuosa como fue el entierro de Arpa Kusuwi, digno de la esposa del Inca. La ceremonia se realizó respetando el protocolo que la cultura tiene reservado para tal acontecimiento. Toda la indumentaria con que se vistió a Arpa Kusuwi fue confeccionada y traída del Cusco exclusivamente para la ocasión. Inclusive, Túpac Yupanqui, quiso que entre toda esa vestimenta también se incluya el “collar ceremonial”, el cual él mismo había mandado confeccionar a los más destacados y expertos orfebres de la capital del imperio. Íntegramente compuesto de oro y adornado con finas incrustaciones de diamantes de un tamaño inimaginable traídos del oriente por el mismo príncipe inca.

Esta pieza no tiene similar, para su elaboración se utilizó más de 800 gr. de oro de la mayor pureza imaginable. Posee incrustaciones de crisocola, ónix y spondylus traídos del golfo de Guayaquil en una disposición tan exacta que hasta se dice que funciona como un dispositivo de acceso a las galerías y depósitos que guarda todas las riquezas del imperio incaico reunidas hasta ese momento.

Como no hay testimonios contundentes de su existencia, al collar de Arpa Kusuwi, también se le conoce como la joya jamás vista. Pero es indudable que está considerada, si no la mejor, como una de las mejores cotizadas en la actualidad. Es singular la contradicción porque, como aún sigue siendo un mito, también se le considera como la joya más hermosa.

La historia entre Arpa Kusuwi y el sacerdote no terminó así, muchos años después, cuando el imperio estuvo gobernado por Huayna Capac, hijo de Túpac Yupanqui. El dios Pachacamac le devolvió la vida a su sacerdote para que éste vaya en busca de Arpa Kusuwi. El sacerdote se internó en el Templo del Sol sin que sea advertido por los guardias, en el preciso momento en que ya había profanado la tumba de Arpa Kusuwi y estaba a punto de llevársela, el dios Sol lo convirtió en piedra.

Mortificado por este improperio Huayna Capac decidió cambiar la ubicación de la tumba de la princesa. Algunos dicen que la llevó al Cusco. Otros lo niegan pero afirman que la tumba salió del Santuario. Una tercera opinión dice que la llevaron a los niveles más profundos de los subterráneos del Templo del Sol a un lugar de difícil y peligroso acceso. Los encargados de la tarea lo hicieron con absoluta discreción.

En la actualidad, muchos lugareños, habitantes del valle han visto a una mujer, con un vestido blanco, que merodea por los alrededores. Ellos dicen que es el espíritu de Arpa Kusuwi que aún sigue buscando al sacerdote.


Clic aquí para leer la primera parte de la leyenda de Arpa Kusuwi…

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Por miedo a los temblores... Pachacamac

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La primera aventura de Alonso se desarrolla en el valle de Lurín. Ahí floreció el más importante santuario religioso costeño en Sudamérica. ¿Saben a quién se adoraba en ese templo pre-incaico?, al dios Pachacamac y, ¿quién es el dios Pachacamac?, es muy conocido por todos los peruanos, desde hace más de cuatrocientos años ha variado su nombre, ahora lo llaman "El Señor de los Milagros" todos los octubres en Lima, los fieles sacan su imagen en procesión:

DEL DIOS PACHACAMAC AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Aún en nuestros días nadie puede predecir un movimiento sísmico o cuan intenso puede ser, es imposible saber si éste se detendrá o aumentará hasta convertirse en el más devastador de los cataclismos. Por ello, desde que el hombre peruano comenzó a poblar estos territorios que por naturaleza son de origen sísmico, sintió la necesidad de aplacar su miedo elevando ofrendas a sus dioses para que no sigan provocando estos aterradores movimientos.

Ese miedo, lo supo mitigar el antiguo peruano que habitaba en el valle de Lurín rindiéndole culto al dios Pachacamac, Señor de los Temblores. Ellos, a través de sus ofrendas y sacrificios hechos a su imagen, se sentían resguardados de los peligros y riesgos de los sismos y otros males que atormentaban a sus pobladores. Desde lugares muy distantes de la sierra y la costa peruana, venían a adorar a este poderoso dios que con el tiempo se había convertido en una de las deidades más importantes de la cultura prehispánica. Este poderoso sentimiento traspuso la barrera de la conquista europea y permaneció vigente hasta nuestros días. ¿Cómo?

Desde sus inicios, la invasión española llegó a estas tierras e introdujo en nuestra cultura al esclavo negro. Ellos, junto con el indígena oriundo del valle, cohabitaban en las huertas limeñas del encomendero de Pachacamac; debido a ello dichas huertas eran conocidas entre los habitantes de la capital con el nombre de Pachacamilla. La nueva religión que trajeron los españoles tardó en introducirse entre los indígenas. El principal motivo fue que los invasores estaban más preocupados por hacerse ricos que en evangelizar al indígena. Pronto fue el esclavo negro quien acompañó al indígena en sus plegarias cuando comenzaba a agitarse la tierra.

Las enfermedades traídas del viejo continente y el mal trato de los españoles hicieron estragos en la salud de los indígenas quienes pronto comenzaron a extinguirse. Con el correr de los años el esclavo negro empezó a asimilar paulatinamente los temores y creencias del indígena y lo sustituyó en su culto al dios Pachacamac. El sincretismo hizo que la imagen del dios Pachacamac fuera reemplazada por la de Cristo. En efecto, en los años 1650 un Cristo Moreno fue pintado por un esclavo negro angoleño en una pared del galpón en donde se reunía la cofradía. Este galpón se convirtió en la ermita del Cristo de Pachacamilla.

La imagen sobrevivió a terremotos, curó enfermedades y se salvó de varios intentos fallidos de borrarla. Estas acciones determinaron la construcción de una Capilla y que la imagen se convirtiera en el Cristo de los Milagros. El terremoto de 1746, uno de los más devastadores que tuvo Lima, provocó que la fecha central de su adoración fuese todos los 28 de octubre. Con el correr de los últimos tres siglos se fueron ajustando detalles con respecto a las características de su adoración. Pero su esencia agrupa los cultos de indígenas, blancos y negros dándole una nueva identidad al moderno ciudadano peruano, siempre temeroso de los terremotos, pero con la opción de aplacar su miedo bajo la protección del poderoso dios Pachacamac o del multitudinario Señor de los Milagros. Usted elija.

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