La Leyenda de Arpa Kusuwi I

| |

(primera parte)

Alrededor de 1474, los Incas controlaban gran parte del territorio sudamericano. Liderando los ejércitos incaicos, Túpac Yupanqui había conquistado muchos pueblos extendiendo sus dominios considerablemente, mucho más de lo que su padre, el Inca Pachacutec, pudiera haber imaginado. Definitivamente era el momento de mayor esplendor al que la cultura incaica pudo haber llegado jamás.

Parte de esos territorios conquistados fue el del valle de Lurín, donde está ubicado el Santuario de Pachacamac, que en ese momento ya se había convertido en el más importante y prestigioso centro ceremonial de la costa en todo el Tahuantinsuyo.

En el Santuario de Pachacamac vivía una mujer muy joven, hija de uno de los curacas más influyentes, se llamaba Arpa Kusuwi y era poseedora de una belleza sin igual. Su hermosura destacaba de entre todas las mujeres del Acllahuasi. A pesar de ser hija de una personalidad y pudiéndose ufanar de ello, por el contrario, siempre se mostró muy sencilla y dispuesta a ayudar a los demás. Gozaba de buenas maneras, muy bien educada y por todo ello se había ganado el respeto de todos los que vivían en la ciudad.

Arpa Kusuwi estaba muy enamorada y era correspondida por uno de los más poderosos sacerdotes del santuario. Un hombre que era muy consultado por los señores más importantes del territorio. Se le adjudicaban muchos aciertos en la transmisión de los vaticinios e interpretación del oráculo. En toda la población se hablaba que era el sacerdote más consentido por el dios Pachacamac.

Arpa Kusuwi y el sacerdote se habían convertido en una pareja muy respetada y ejemplar en el santuario. En una de sus visitas, Túpac Yupanqui, vio a Arpa Kusuwi y quedó prendado de ella, tomándola como una de sus esposas.

A pesar que todos conocían del noviazgo con el sacerdote, nadie pudo hacer un solo comentario al respecto, ni siquiera el propio sacerdote pues al Inca no se le podía negar nada. Así que Túpac Yupanqui la desposó y se la llevó a vivir al Templo del Sol. El sacerdote, lógicamente, no estaba contento con ello. Tampoco la nueva esposa del Inca. Así que decidieron verse a escondidas. Todas las noches ella lograba burlar a los guardias del templo y salía a encontrarse con su amante en un recodo escondido cerca del Templo de Pachacamac. Hasta que un desventurado día, un guardia los sorprende, tomó prisionero al sacerdote y lo llevó ante el Inca.

Acusaron al sacerdote de traición al imperio y, ante las protestas de toda la población, lo condenaron a la pena del garrote. Se dice que hubo hasta una sublevación de los habitantes; estaban muy molestos por la decisión extrema que había tomado el Inca. Conatos de bronca entre los pobladores y los soldados se habían desatado en toda la ciudad. Un malestar general invadió el santuario. El día que ejecutaron al sacerdote, éste profirió una maldición y prometió regresar por su amada...

Clic aquí para saber más acerca de las aventuras de Alonso Christiano…

No hay comentarios:

.