Por miedo a los temblores... Pachacamac

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La primera aventura de Alonso se desarrolla en el valle de Lurín. Ahí floreció el más importante santuario religioso costeño en Sudamérica. ¿Saben a quién se adoraba en ese templo pre-incaico?, al dios Pachacamac y, ¿quién es el dios Pachacamac?, es muy conocido por todos los peruanos, desde hace más de cuatrocientos años ha variado su nombre, ahora lo llaman "El Señor de los Milagros" todos los octubres en Lima, los fieles sacan su imagen en procesión:

DEL DIOS PACHACAMAC AL SEÑOR DE LOS MILAGROS

Aún en nuestros días nadie puede predecir un movimiento sísmico o cuan intenso puede ser, es imposible saber si éste se detendrá o aumentará hasta convertirse en el más devastador de los cataclismos. Por ello, desde que el hombre peruano comenzó a poblar estos territorios que por naturaleza son de origen sísmico, sintió la necesidad de aplacar su miedo elevando ofrendas a sus dioses para que no sigan provocando estos aterradores movimientos.

Ese miedo, lo supo mitigar el antiguo peruano que habitaba en el valle de Lurín rindiéndole culto al dios Pachacamac, Señor de los Temblores. Ellos, a través de sus ofrendas y sacrificios hechos a su imagen, se sentían resguardados de los peligros y riesgos de los sismos y otros males que atormentaban a sus pobladores. Desde lugares muy distantes de la sierra y la costa peruana, venían a adorar a este poderoso dios que con el tiempo se había convertido en una de las deidades más importantes de la cultura prehispánica. Este poderoso sentimiento traspuso la barrera de la conquista europea y permaneció vigente hasta nuestros días. ¿Cómo?

Desde sus inicios, la invasión española llegó a estas tierras e introdujo en nuestra cultura al esclavo negro. Ellos, junto con el indígena oriundo del valle, cohabitaban en las huertas limeñas del encomendero de Pachacamac; debido a ello dichas huertas eran conocidas entre los habitantes de la capital con el nombre de Pachacamilla. La nueva religión que trajeron los españoles tardó en introducirse entre los indígenas. El principal motivo fue que los invasores estaban más preocupados por hacerse ricos que en evangelizar al indígena. Pronto fue el esclavo negro quien acompañó al indígena en sus plegarias cuando comenzaba a agitarse la tierra.

Las enfermedades traídas del viejo continente y el mal trato de los españoles hicieron estragos en la salud de los indígenas quienes pronto comenzaron a extinguirse. Con el correr de los años el esclavo negro empezó a asimilar paulatinamente los temores y creencias del indígena y lo sustituyó en su culto al dios Pachacamac. El sincretismo hizo que la imagen del dios Pachacamac fuera reemplazada por la de Cristo. En efecto, en los años 1650 un Cristo Moreno fue pintado por un esclavo negro angoleño en una pared del galpón en donde se reunía la cofradía. Este galpón se convirtió en la ermita del Cristo de Pachacamilla.

La imagen sobrevivió a terremotos, curó enfermedades y se salvó de varios intentos fallidos de borrarla. Estas acciones determinaron la construcción de una Capilla y que la imagen se convirtiera en el Cristo de los Milagros. El terremoto de 1746, uno de los más devastadores que tuvo Lima, provocó que la fecha central de su adoración fuese todos los 28 de octubre. Con el correr de los últimos tres siglos se fueron ajustando detalles con respecto a las características de su adoración. Pero su esencia agrupa los cultos de indígenas, blancos y negros dándole una nueva identidad al moderno ciudadano peruano, siempre temeroso de los terremotos, pero con la opción de aplacar su miedo bajo la protección del poderoso dios Pachacamac o del multitudinario Señor de los Milagros. Usted elija.

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