Atahualpa y los tesoros de Pachacamac II

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Continuación de Atahualpa y los tesoros de Pachacamac I
(parte final)

…Pero aquí hay un detalle. El sacerdote principal del templo de Pachacamac, que en esos momentos se encontraba en Cajamarca, al ver en peligro los tesoros de la ciudadela costeña, envió secretamente a un emisario al santuario que llegó antes que la comitiva que había enviado Atahualpa para recoger el valioso rescate, y alertó a los principales señores y a los sumo sacerdotes quienes rápidamente pusieron a buen recaudo todo el oro y la plata.

Entonces cuando dicha comitiva llegó a fines de enero de 1533 a la ciudadela de Pachacamac, los sumos sacerdotes y los principales señores, sabedores de las intenciones de los intrusos, ya habían escondido todos los tesoros en algún lugar del santuario.

Los facinerosos europeos permanecieron casi dos meses con la consigna de juntar toda la cantidad de oro y plata que pudiesen de cualquier manera que fuese; joyas de sus mujeres y todo el servicio que tuviesen. Sin importar que para cumplir con ese bajo objetivo destruyan y profanen los templos sagrados de los lugareños blasfemando a su religión y obligando a la población a convertirse al cristianismo, menospreciando al indígena y arrebatándole la vida utilizando todo tipo de artilugio de muerte.

Sin embargo, solamente pudieron tomar los tesoros que los sacerdotes no habían podido esconder, o la cantidad que habían considerado podría dejar satisfechos a los invasores. A pesar de ello algunos testigos dicen que los tesoros que sacaron de los templos, de los tumbas y de los grandes depósitos de ofrendas, fue tan cuantioso que sumados todos se necesitaron más de diez mil cargueros para llevarlos al tambo de Cajamarca. No obstante, para otros estos tesoros fueron obtenidos por ofrendas realizadas por los curacas de Lunahuaná, Mala y Chincha para evitar más daños y como señal de amistad.

Si bien no se sabe en qué momento la comitiva regresó a Cajamarca, algunos testigos afirman que debió haber sido antes de la segunda quincena del mes de junio, pues dicen que vieron “henchidos los tres cuartos” que Atahualpa había prometido por pago de su rescate y que toda esa cantidad la habían estimado en seis millones de pesos y añaden, que a pesar de ello, los hermanos Pizarro después de haberlo recibido, faltando a su palabra no pusieron en libertad a su imperial cautivo.

Finalmente, dicen algunos testigos que vieron cómo Atahualpa, después de haberse dado cuenta del engaño que le hicieron, gestionó con sus capitanes que lo exiliaran a España prometiendo dar para el rey otros seis millones de pesos. A pesar de ello los hermanos Pizarro no quisieron y más bien alegando que Atahualpa quería alzarse y conspirar contra ellos, lo condenaron a ser quemado vivo o agarrotado si se convertía al cristianismo.

Hay varios testimonios que indican que los tesoros de Pachacamac siguen enterrados en algún lugar en los subterráneos de los templos del Santuario. Nadie sabe exactamente dónde, porque los que lo enterraron, desaparecieron con la barbarie que ocasionó la codicia de los conquistadores. Durante los posteriores 450 años el sagrado santuario de Pachacamac fue saqueado y destruido por los buscadores de tesoros.


Clic aquí para leer la primera parte de Atahualpa y los tesoros de Pachacamac…

1 comentario:

Anónimo dijo...

estos relatos se ajustan a la verdad por que si conoces de historia que en todo el peru hay hubo mucho oro y plata solo se tiene que recopilar informacion y cruzarla para ser mas exacto.

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