El Terremoto del 74

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Lima, jueves 3 de octubre de 1974.
9:21 am.


En casa de la familia Christiano en el aún poco urbanizado Centro Comercial Monterrico, Vicente, de 52 años, se disponía a entrar al baño cuando una leve sacudida del piso lo hizo detenerse, el siguiente paso lo dio con dificultad; un fuerte sacudón casi le hace perder el equilibrio, el espejo se agitó sobre la pared y algunas botellas de champú cayeron al piso. Tuvo que regresar sobre sus pasos tambaleantes mientras parpadeaba la luz de su dormitorio.

En su habitación del segundo piso, la pequeña Isabel de 8 años escuchó un extraño ruido, un par de segundos más tarde sus juguetes comenzaron a moverse y la lámpara del techo empezó a oscilar. La niña no entendía qué es lo que estaba sucediendo, de la repisa de su closet cayeron al piso algunas muñecas, quiso salir de la cama pero el susto que la invadió le quitó la movilidad. Solo atinó a taparse la cara con su frazada.

En el primer piso de la casa, Norka, la esposa de Vicente, terminaba con la limpieza de la cocina después del desayuno, cuando el ruido del choque continuo de las botellas de especia en los anaqueles le quitó la concentración, se detuvo en su quehacer y repasó con la mirada su entorno en busca de más pruebas que confirmen sus sospechas, no esperó mucho, en un instante el sonido característico y el fuerte sacudón que sintió bajo los pies la sacó de la cocina mientras que el reloj de pared se sacudía sin cesar.

¡Temblor! Gritó Marga, la hija mayor de los Christiano, de 19 años, mientras bajaba rauda las escaleras en bata, con una toalla amarrada en la cabeza y en medio de la oscilación de los cuadros colgados en las paredes. Tras ella bajaba Vicente quien ya había recogido a la pequeña Isabel y la sostenía entre sus brazos. (Esa era la consigna familiar en caso de temblores)

Tras el movimiento inicial un fuerte sacudón incrementó la oscilación de las estructuras de la casa y los objetos comenzaron a caer uno tras otro. ¡Terremoto! - gritó Vicente - ¡rápido, todos al jardín!

Desesperada y con expresión de pánico en su rostro, Gertrudis, la empleada de la familia desde hacía varios años, no terminaba de bajar la extensa escalera de caracol que conectaba su habitación, en la azotea, con el resto de la casa y que en esos tensos momentos se volvió eterna, el ruido y movimiento del terremoto se iba intensificando a medida que avanzaban los segundos. Decidió saltar los últimos escalones para alcanzar rápidamente el primer piso y reunirse en el jardín con sus patrones.

¡Santo Dios! !Esto no tiene cuando acabar - gritó Norka desesperada en medio del extenso jardín de la casa - ¡Alonso!, ¡dónde está Alonso! - sus gritos añadieron mayor tensión a la familia - Vicente inmediatamente se acordó que Alonso había salido temprano para cumplir con una promesa de amor.

A pocas cuadras de distancia, en casa de los Wilson, Alonso Christiano, de 14 años, se disponía a entregarle a su enamorada, Ariana Wilson, la joya más hermosa jamás vista como prueba que confirmaba el inconmensurable amor que le tenía; El collar ceremonial del Imperio Incaico, una reliquia de incalculable valor con la que el Príncipe Guerrero Túpac Yupanqui, hijo del gran Inca Pachacutec, enterró a una de sus esposas más preciadas, la princesa Arpa Kusuwi.

En el preciso momento en que la joya era tocada por las manos de la bella Ariana, el movimiento vertical de los cimientos de la casa los desestabilizó. El instante siguiente les era difícil mantenerse en pié dentro de la pequeña salita donde se encontraban y los libros y revistas ordenados sobre los estantes de la biblioteca comenzaron a caer. Las lámparas de mesa que flanqueaban el enorme sillón de cuero tambaleaban sobre su base, ¡era momento de salir!

Luego de dos minutos y quince segundos de liberar energía equivalente a un millón de toneladas de TNT, la tierra se detuvo, Lima había sido sacudida por un terremoto de 6.6 grados, con epicentro a 90 km al sur oeste. Aproximadamente un 20% de las edificaciones de la ciudad quedaron seriamente afectadas. Dejó 78 muertos y 22 mil damnificados, además causó daños en varios templos, monumentos históricos y valiosos legados artísticos se perdieron. Muchos de los cercos exteriores de ladrillos colapsaron, las casas quedaron con lunas rotas, puertas y ventanas deformadas, paredes rajadas, columnas y vigas malogradas y pórticos con preocupantes rajaduras.

¿Sería casualidad que justo en el momento que Christiano entrega el valioso objeto comience el terremoto?, hay personas que piensan que no ha sido una coincidencia, y lo atribuyen al enojo del dios Pachacamac. Ellos basan su teoría en que la joya más hermosa jamás vista que profanó Alonso y sus amigos para cumplir con la prueba de amor que le pidió Ariana, procede de las entrañas de uno de los templos del santuario de Pachacamac, en el valle de Lurín, y como todos sabemos, Pachacamac es el dios de los Temblores, el Hacedor del Mundo, él mora en las tinieblas, domina el universo, mientras mayor sea su enojo un simple temblor puede convertirse en el más destructor de los terremotos.

Hay muchos antecedentes que confirman dichas sospechas, la más comentada es la de 1533, cuando la comitiva española que se trasladaba al Santuario de Pachacamac para saquear parte de los tesoros exigidos a Atahualpa para liberarlo, dos fuertes temblores se sintieron en las costas limeñas, haciendo que todos los indígenas que acompañaban a los españoles huyeran despavoridos aduciendo la furia de Pachacamac.

El mes de octubre es célebre en Lima por los festejos al Señor de los Milagros, pero también se recuerda por la cantidad de terremotos que ocurrieron en ese sagrado mes: 1606, 1609, 1625, 1687, 1746, 1761, 1966, 1974 ¿Pachacamac se mueve bajo la tierra porque se le venera a un dios que no lleva su nombre?

Una irrefutable razón para sospechar de los poderes del dios Pachacamac. Entonces, ¿Qué cree usted que hizo Alonso Christiano para revertir la adversa situación y aplacar el enojo del más influyente oráculo del Tahuantinsuyo?


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