Alonso y Ariana II

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La primera mirada

Las siguientes noches al encuentro con la hermosa y espigada niña de largos cabellos castaños, el sueño de Alonso fue muy pesado y de difícil conciliación. Estaba confundido, distraído, las cosas le salían al revés y no podía concentrarse en clase. A Norka, su madre, todos los días la atormentaba preguntándole si no quería nada de la tienda para ir a comprar, habría muchas posibilidades de volver a encontrarla y seguirla para saber donde vivía.

Otros días salía de casa sin dirección aparente solo para merodear por el barrio y tratar de encontrarla, sin resultados. Varias semanas después, una fresca tarde de otoño, los chicos estaban en pleno partido de fulbito, era un juego muy importante contra los de Chacarilla quienes les habían ganado la última vez como locales, ahora ellos estaban jugando en su propia cancha (en realidad era uno de los parques del barrio que servía de campo de futbol). El marcador iba nueve a nueve y ya obscurecía, en cualquier momento se terminaba el match.

En una de las últimas jugadas, Alonso recibió de Marco un largo pase de bolea que le llegó exacto a su pie, la pelota fue puesta como con la mano, estaba cerca al arco (los palos eran dos arbustos del parque y no había travesaño), le vino un defensa a marcarlo y con mucha habilidad Alonso hizo un quiebre que lo dejó fuera de posición y se vio solo frente al arquero quien le salió al achique. En una fracción de segundos y por el rabillo del ojo Alonso sintió que lo observaban, estaba a tiro de arco, debía apurarse porque el arquero le estaba cerrando los espacios, la sombra que se le apareció lo perturbaba y giró ligeramente la cabeza para ver de quién se trataba, se había dado cuenta de que alguien estaba en la ventana de una casa cercana a la cancha. Alonso logró hacer un amague pero fue muy tarde, el arquero atrapó la pelota arrancándola de sus pies. Había perdido la gran oportunidad de hacer el gol y ganar el partido.

Sus amigos querían matarlo, los de chacarilla se habían quedado estáticos y tragaron saliva, sabían que Alonso jamás iba a perder ese gol, pero les volvió el oxigeno a los pulmones. Aún así no se explicaron lo que estaba ocurriendo.

Alonso ya sin la pelota en los pies no dejaba de mirar a la ventana, la hermosa silueta de la niña de lacios cabellos castaños estaba allí mirándolo, él comenzó a caminar en esa dirección para cerciorarse de que se trataba de ella. No dejaba de mirar a la ventana, no se daba cuenta por donde pisaba y destruía geranios, plantas y flores, cuando llegó a la acequia la cruzó sin evitarla y mojó sus zapatillas con agua, pero él siguió caminando, cada paso que daba producía un ruido gracioso pues sus medias y pies estaban empapados de agua. De pronto la figura desapareció, Alonso se detuvo y memorizó la casa a la que pertenecía esa ventana.

El partido se terminó, los rivales se retiraron satisfechos por haber conseguido un empate de visita. Las quejas de sus amigos saltaron inmediatamente. Jamás iban a perdonarle lo que había hecho Alonso.

_ ¿Qué te sucedió? – preguntó Sancho apretando los dientes de rabia – ¡Ese pase magistral de Marco jamás lo volverías a tener ni en mil años! Marco miró a Sancho con cara de que no subestime su habilidad con la pelota y Sancho le devolvió la mirada con cara de que lo decía solo para avergonzar a Alonso.

El muchacho no se preocupó en contestarle a su amigo y los tomaba de los hombros con desesperación, primero a Marco, luego a Sancho y por último a Alfredo a quien le hizo saltar sus anteojos - ¡La vieron!, ¡era ella!, ¡díganme que ustedes también la vieron!, ¡por favor!
_ ¡Claro que la vimos! – respondió Alfredo acomodándose nuevamente sus gafas – ¡hasta yo la vi que soy corto de vista!

_ ¡No es hermosa!, ¡díganme si no es una muñeca! – continuó Alonso exclamando con los ojos desorbitados. Los amigos se miraron entre ellos, estaban confundidos. ¡Tranquilízate Alonso!, por favor, - exclamó Sancho – ¡hace meses que nos tienes cojudos con esa hembrita! – los muchachos comenzaron a exasperarse.

_ ¡Seguro que estás encaprichado! – afirmó Marco -. ¡No, realmente estoy enamorado! Las palabras de Alonso calaron en lo más profundo de sus amigos quienes volvieron a mirarse y bajaron la guardia. - Vamos a tranquilizarnos – sugirió Marco – vengan, sentémonos aquí y discutamos este asunto de una vez por todas.


Luego de varios minutos de cambios de opinión y de que Alonso revelara insondables sentimientos de amor junto al más frondoso árbol de aquel parque; Marco, Sancho y Alfredo comprendieron los profundos y verdaderos sentimientos de amor de su mejor amigo y desde ese momento decidieron ayudarlo a averiguar de quien se trataba la hermosa niña que tenía bruto a su compañero.

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