Kilcha y los sacrificios humanos

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El historiador Cieza de León escribió: “El Inca oró y le preguntó al dios Pachacamac: Señor, ¿de qué manera podría servirte mejor? El dios le respondió “la mejor forma de servirle a tu dios es enviándole gran cantidad de sangre humana y de llamas”.

Aun no se sabe en qué templo o recinto sagrado se hacían estas ofrendas pero está comprobado que en Pachacamac, durante el período inca y mucho antes, se han hecho gran cantidad de sacrificios de hombres, mujeres y niños. Estos ritos de adoración hacia su dios, tanto el Inca como los habitantes comunes, eran solicitados a través de los sacerdotes del santuario.

Las modalidades de sacrificio fueron varias: Por estrangulamiento, cremación, extirpación del corazón, enterrados vivos. Los inmolados son hallados por los arqueólogos rodeados de esqueletos de perros Inca, telares, vasijas, cerámica, mazorcas de maíz, frijol, yuca, papa, pues todos estos accesorios los iban a necesitar en su nueva vida.

Aunque no todos los sacerdotes del santuario practicaban sus vaticinios de la misma manera, había diferencias, y muchas, por ejemplo: Estaban los que se distinguían por su linaje o procedencia como los p'unchao willka, que formaban la clase más noble. Ellos vaticinaban hablando con el mismo dios Sol según los solsticios y equinoccios.

En la siguiente escala de importancia se encontraban los Hanpikuc quienes leían en las vísceras de los animales. Los más conocidos eran los kuyrikuc, que veían el porvenir en las entrañas del cuy, abriéndoles el vientre con sus largas uñas y realizando sus pronósticos según de qué parte brotaba la sangre o cómo se movían sus órganos internos.

El mallkiwillac era una suerte de espiritista, se comunicaba con las almas de los antepasados del solicitante. Otro sacerdote era el ripiac, quien absolvía consultas con los movimientos de los músculos de los brazos. Si al hacer fuerza saltaban los del lado derecho, decía que todo le iría bien al que hacía la consulta. Si saltaban los músculos del lado izquierdo, le iría mal.

El pacharikuc hacía sus adivinaciones con tarántulas, las cuales eran puestas sobre una manta y luego hostigadas con un palo. La adivinación estaba en función a la cantidad y posición de las patas que habrían perdido.

La gente iba también a hacerse leer sus sueños. El mosqoc soñaba para ellos, apoyando la cabeza en una prenda de la persona como una honda, si era varón; y una manta o faja, si era mujer. En caso de amores debía llevarse los cabellos o la ropa del ser amado.

Los sunquyoc eran “los que miran en el interior del corazón de los hombres", eran grandes sicólogos y hacían sus profecías examinando los rostros de las personas que acudían en su busca. Ellos no se mostraban y veían a sus pacientes a través de un agujero en la pared del templo detrás de la cual se ocultaban.

Aislados, silenciosos y concentrados en sus pensamientos, los wamac, eran una especie de ermitaños o santones, que vivían en soledad y abstinencia. Por último, existía una extraña clase de sacerdotes: Los Runamikhuc, practicantes de ritos oscuros y antropófagos. Se ocultaban en la oscuridad de los subterráneos y comían los restos de los sacrificios humanos o animales.

Sin embargo, de lo que no es seguro es que el mismo Pachacamac haya pedido el sacrificio humano. Algunos dicen que en la oración del inca solo se hablaba de sangre de llamas y Cieza agregó “humanos” para etiquetar la naturaleza salvaje de la religión indígena y justificar su abolición y consecuente exterminio de sus sacerdotes.

Entre los más reconocidos de esta ilustre casta sacerdotal, la de los p'unchao willka, estaba el gran Kilcha, preferido por el Inca Pachacutec quien solicitaba su presencia en el Cusco cuando necesitaba del oráculo. Con el tiempo el noble Kilcha logró ganarse la confianza y el respeto del Inca cultivando una gran amistad que le permitía pasar largas temporadas en la gran capital del imperio.

Kilcha no estaba de acuerdo en hacer sacrificios humanos como ofrendas al dios Pachacamac. Argumentaba que era como imitar el poder del mismo dios, y eso no le hacía ninguna gracia. Tratar de imitar el poder de Pachacamac, el dios de los temblores, el creador del universo, no es oficio de los mortales.

"La vida es un regalo del dios, solo él puede dar y quitar vida, el hombre no lo puede hacer", sostenía Kilcha e influyó tanto en el Inca que se dice que, por medio de una ley, Pachacutec llegó a abolir el sacrificio humano en cualquier población y este rito sería exclusivamente privilegio del mismo Inca. Sus discrepancias provocaron conflictos con otros sacerdotes del santuario, sobre todo con los que sí estaban de acuerdo con este tipo de sacrificios. Algunos de ellos llegaron a conspirar un asesinato en contra de Kilcha. Pero eso… eso lo veremos más adelante.

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